Aun recuerdo nuestra luna de miel
La celebramos riendo como niños eufóricos, con una botella de insípida y fría agua
La que imaginamos era champaña sacada de aquel tranquilo, y cristalino río
Donde, sobre su arena juntos pasamos aquel fin de semana estival
Cobijados solo, por un inmenso cielo azul colmado de estrellas.
Y plenos nuestros corazones de sueños y de anhelos
Lo cual hizo que todos nuestros deseos, resultaran milagrosamente verdaderos
Nunca he podido comprender, el más grande de todos aquellos milagros
Que estuviera junto a mí que no era nadie en ese instante
Quien no era mas que un aprendiz inmaduro de Poeta, de divertidos gestos juveniles
Aquella bella mujer de blancas y lindas manos, largos y negros cabellos
En aquel sublime momento y teniendo como mágico escenario un trapiche de siglos pasados
Y donde tuve que pagar muy caro, la dura y ardorosa firmeza de su carácter
Esta noche es otro nuevo aniversario de aquel maravilloso momento
Y yo intento elevarme en el misterio de la noche
Y poder volar, escondido dentro de la conciencia de mi espíritu
Para así poder recorrer la distancia que han recorrido tus pies, en estos longevos y fríos años.
Y asì poder sacudir y botar mis viejas angustias.
Y también poder preguntarle ilusionado otra vez a esos sueños que hacen posible los milagros.
Como si el tiempo estuviera detenido en aquel instante una vez más siempre de nuevo.
Por tus bellas manos, y poder llevar hasta ellas, con una sumisa reverencia de novicio
Un pequeño presente, un humilde poema hecho como un regalo al amor
En honor al bello recuerdo de un instante que tiende a desvanecerse
Y ser arrastrado
Por el frío viento del cruento otoño que ya está azotando mi memoria
Isilo VII-XII 1970
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