martes, 7 de julio de 2009

LA GITANA

Caminaba esa mañana, por la ancha carretera, a lo lejos oteaba, la población de La Niebla, en la antigua región de Huelva.
Ni un alma divisaba, cerca de la frontera. Pero en la lejanía, oí timbales, y cantos llenos de alborozo, risas, guitarras, cantores. Me quedé parado, a esperar su coincidencia. Eran gitanos que venían, felices con su algarabía. Al verme parado, preguntaron a coro, para donde iba, ¿ de donde venia ? Que me uniera a ellos. Tomé mi mochila, la tiré a mi espalda, y me uní a la feliz cafila.
Cayó la tarde, y nos arrimamos a la orilla del camino. Alrededor de la fogata, comenzaron a sonar las guitarras y a cantar canciones, y en medio de la algarabía, vi unos ojos, mas negros, que la noche que caía, y que no se me quitaban de encima. Sonreí a los ojos y la silueta se escurrió entre el gentío, luego muy cerca de mi oído, oí un susurro que decía, ! Tú me camelas, malage !
Cosa que no comprendía. Después de sentir el calor de La Gachí, entendí lo que decía, yo también la camelaba, por que era bella y osada .
Cante y bailé con Arizaba, que era como la llamaban, luego leyó mi mano y las lagrimas rodaron por su linda cara, no quiso decirme nunca, lo que había revelado mi palma. Luego vino la partida
ya cerca de la encrucijada donde tenia que cambiar de vía, era el tercer día, nos despedimos.
Cuando la romera se marchó y se unió a su tribu, arrancó la caravana, yo me quedé mirando su pisada, porque no quería mirarle a la cara, y pude adorar su menudo y bello pié ajustado a su sandalia. No quise mirarle al rostro. porque la Gachí lloraba.
Isilo 70