Subiendo por la Avenida principal de la Urbanización La Castellana un poquito más arriba de una estación de servicios que hacia esquina con la Avenida Francisco de Miranda, había un local que la mayor parte de el, lo ocupaba "El Bowling del Este” un sitio donde íbamos los viernes en la noche y sábados y domingos en las mañanas algunas veces en una "Onda Zanahoria", a encontrarnos con amigos y amigas a jugar boliche. Justo al lado en un pequeño espacio como medio tímido y arrimado estaba el ”Cebra Bar” nunca me había llamado la atención ese barcito con pista de baile y música norteamericana de los años 30 Jazz, Soul, Dixie, en vivo. En un rincón del bar estaban los músicos: Un Saxofón, y también tenia en el piso a la mano un Clarinete según fuera la ocasión, una Batería, un Piano, y manipulando un inmenso Contrabajo con mucha gracia y mucho estilo una joven negra, (hoy en día les dicen Afroamericana), muy Bella, Preciosa. Yo entré una noche por casualidad, era mi viernes en la noche de Bowling y necesitaba hacer una llamada telefónica a una amiga, y no quería que la chica que estaba conmigo jugando se diera cuenta. Esa noche se cambiaron todos mis planes por mucho tiempo, a la Chica que llamé le dije que no podíamos ir al cine por que tenia fiebre y pensaba irme a dormir, luego entré al Bowling y le dije a la joven que me acompañaba que esa era la ultima linea que jugábamos, porque tenia que levantarme muy temprano para cumplir con un bautizo de un sobrino mío. Mentiras, mentiras y más mentiras. Como a las 9 de esa noche estaba yo instalado en una mesita muy cerca de la pista de baile y muy cerca también de la dama que tocaba el formidable instrumento, yo no se si la química hizo su efecto pero entre pieza y pieza la chica negra y yo, empezamos a intercambiar miradas y a sonreír, en uno de descansos me anime a conversar con ella y luego estuvimos conversando casi cuatro días seguidos sin parar, unas veces por teléfono, otras personalmente. Tenía un encanto irresistible é inefable, nunca lo he podido describir, no era su belleza ni su acento al hablar español, ni sus gentiles rechazos a mis proposiciones, el hecho fue que me cautivó, y quede hechizado.
Se llamaba Sarah Eckstine había nacido en San Louis Missouri en la equina sur de la Calle Sarah por eso lleva ese nombre. Ella vivía en la Urbanización Los Palos Grandes, en la Segunda Avenida en un edificio que todavía tenia en su jardín un “Mijao” ese inmenso árbol por lo cual lleva su nombre esa Urbanización, yo en cambio vivía en Los Chaguaramos, donde en tan corto tiempo ya no quedaba casi ninguna de las Palmeras que dio origen a su nombre.
Lo que siguió después fue una entrega total. En los meses siguientes, vino el cambio de trabajo de Sarah, se mudó con su Contrabajo y su musica a otro sitio, también pequeñito, se llamaba “Mon Petit Cat” Quedaba este pequeño sitio en otro pequeño Centro Comercial en la Plaza sur de Altamira, en la parte trasera del Teatro Altamira; ya ninguna de las referencias existen. Hoy quedan las escaleras de la salida del Metro de Altamira sur.
Si reconocer es gratitud, a Sarah le debo mucho, sobre las cosas que me enseño; puedo decir que me enseñó a amar, me enseño a tener respeto por lo que me rodeaba, me enseño humildad, me enseño a reir, me enseño a cantar, me enseñó todo lo que conozco de Soul, de Jazz , y me enseñó a querer esa música, incomprendidas llamadas Rag Time y Dixieland.
En una de las incontables charlas sobre música y sobre las personas que la interpretaron, me contó un día que ella poseia un termómetro para medir y valorar la Grandeza la calidez humana de las personas, que conocia. Me dijo un dia: "La grandeza es humilde y amable, como Benny Goodman", y para corroborarlo me contò esta pequeña historia: que tuvo en su encuentro con el: "En una oportunidad en que estaba empleada, como ayudante de mantenimiento pintando las paredes del foyer del “Little Theater”, en New york, que era donde se hacía el show musical de David Frost...... Cuando un dia, un señor canoso, de cierta edad, portando un estuche negro, tocó a la puerta de cristal del teatro yo estaba cerca, y fui a abrir. – I am one of the Performer to Day. (Yo soy uno de los músicos para hoy). How can I get to the stage? – me preguntó el caballero cortésmente. –siga derecho y al final cruce a la derecha, señor. El señor me dió las gracias, y se dirigió al escenario. Yo seguí con mi labor de las brochas y mis pinturas, pero más tarde oigo que los músicos, están ensayando “Body and soul”. Pero el sonido de ese clarinete ya lo había escuchado antes en alguna parte. Me asomo y veo al señor del estuchito negro, tocando. Y ¿Quién podría estar interpretando “Body and soul” con esa extraordinaria y magistral manera, que no fuera Benny Goodman, el Rey del Swing? – las lagrimas brotaron de mis ojos, no lo podia creer, yo tenia el privilegio de ver y oir en sus postimerias, a uno de los mas grandes musicos del siglo XX........... - I am one of the preformers to day -, me dijo humildemente cuando llegó.......... Cuando en una oportunidad un infeliz, don nadie, cualquiera, que llegó a la puerta me gritó arrogante: Open up, open up… I am,..... motherfuc.... son of a bit...... Open Up! (Abre, abre… Soy yo,… hija de p.... hija de p...., abre, abre…).......... Eso era lo bueno, y lo malo de este trabajo, tenía uno que estarse topando una que otra vez con gente grande, grandes entre los grandes........ y la mayoría de las veces con infelices, don nadie, "profesionales".
También me contó: ¿Cómo podría yo olvidar al viejo Louis Armstrong con su bocaza y sus enormes ojos bondadosos, cuando vino al show un tiempo antes de morir?. Y yo viéndolo allí con su negrota humanidad, luego mirandolo en el ensayo, descubrí de repente el secreto de su encanto…...El viejo nunca.....cuando cantaba o tocaba...... jamas estaba trabajando…… estaba haciendo algo que creo que era, lo que su mente, su cuerpo, y su espíritu le pedían…… y eso para mi… si era eminentemente profesional, el disfrutaba mostrando su espectaculo, riendo y hablando con el publico.
La mayoría de los que deambulabamos por el teatro a cualquier hora veníamos o estábamos, simplemente cumpliendo un contrato de trabajo, éramos pintores, aseadores, también como los tramoyistas y escenógrafos de Broadway, éramos operarios que no teníamos nada que ver con el teatro en si, y la mayoría nunca se quedaba a ver la obra. Siempre he pensado que yo era la unica.
De estos días vino mi nuevo enamoramiento con el contrabajo un instrumento que comencé a practicar de niña y lo habia abandonado. Luego de estas experiencias, comencé a practicarlo más a menudo, hasta que mas tarde se convirtió en mi nueva profesión.
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